Guías del vino
Nadie te va a preguntar por qué elegiste esa botella. Pero acertar más seguido se puede, y no tiene que ver con el precio.
Es la pregunta que ordena todo lo demás, y casi nadie se la hace antes de mirar las etiquetas.
«Antes $12.990, ahora $6.990» en un vino que casi siempre está en oferta significa que su precio real es el de la oferta. Fíjate en si el descuento es permanente: si la botella lleva meses «rebajada», ese es su precio.
Hay concursos serios y otros que reparten metal a casi todo el que paga la inscripción. Una medalla sola no dice mucho, sobre todo si no reconoces el concurso.
Anotar. Cuál compraste, cuánto costó y si te gustó. Suena poco romántico y es lo único que convierte cien compras al azar en criterio propio: a la quinta o sexta botella empiezas a ver patrones —que te gustan los tintos de cierto valle, que los blancos con madera no son lo tuyo— y dejas de depender de la etiqueta bonita.
💡 Es exactamente el problema para el que existe Cru-Zu: fotografías la etiqueta y queda registrada, con lo que pagaste y lo que te pareció.
No necesariamente. La relación entre precio y calidad mejora bastante en el tramo bajo y se aplana rápido: la diferencia entre una botella muy barata y una de precio medio suele notarse mucho más que entre una cara y una carísima.
La cepa, porque es lo que mejor anticipa el sabor. Después el grado alcohólico y la añada, y recién al final el precio.
Sí. El calor y la luz son lo que más rápido deteriora un vino. Una botella de pie bajo un foco o junto a una ventana estuvo en peores condiciones que una a la sombra.
Cru-Zu registra tus botellas escaneando la etiqueta, te dice cuál está en su mejor momento y te recomienda cuál abrir hoy sobre tu propia cava. Gratis, solo para iPhone y iPad.
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